El túnel nazi del Hotel Golf Club de Miramar: espías alemanes en la Costa Atlántica argentina

29 junio 2021

El Golf Club Hotel de Miramar (que luego perteneció al gremio ferroviario La Fraternidad y ahora es el Cardon Miramar Links Hotel) era una “baliza” para la Kriegsamrine coordinada con la estancia ubicada en la localidad bonaerense de Moromar y Mar del Sud, junto con el faro de Punta Mogotes, en Mar del Plata.


Un túnel para las operaciones de la Ettapendienst, la organización secreta de inteligencia, en la Argentina.


   Cuando en 1927 la empresa alemana “F.H. Schmidt” comenzó la construcción del Golf Club Miramar donde, luego en 1930, el Hotel Dormy House (perteneciente al mismo) a la vera del camino y a cuatro kilómetros de la actual ciudad balnearia de Miramar, al sur de la Provincia de Buenos Aires, sobre la Costa Atlántica de Argentina se dio un inesperado giro del destino.

   El grupo de obreros que levantó la selecta edificación -extrañamente en medio de la nada y al borde de un acantilado a orillas del mar– estaba comandado por un tal Ludwig Freude, quien allí mismo conoció a Thilo Martens, un jovencito que -por entonces- hacía sus primeras armas como agente naviero alemán.

   Desde 1945*, el hotel perteneció a la “Fraternidad Ferroviaria” y la zona de su ubicación había sido elegida por la Ettapendienst; la organización secreta de inteligencia -creada en 1911– cuya misión era la de recoger información sobre buques mercantes y de guerra (enemigos) que amarrasen en puertos extranjeros donde hubiera agentes alemanes destacados.

   Como si fuera una caprichosa premonición, las vueltas de la vida los había juntado, pero nada fue casualidad. Con el tiempo, ambos se convertirían en dos de los agentes más importantes para los nazis en la Argentina. 

   Freude se plegó al nazismo apenas comenzada la década de los años ’30 ; en tanto que Martens fue rápidamente reclutado por la Ettapendienst para ser uno de sus principales operadores en la zona. 

   Werner Dietel, era el jefe de la inteligencia naval alemana durante la Segunda Guerra Mundial y quien controlaba el accionar del agente Thilo Martens. Otro nazi que cumplía funciones similares en el país era el casi omnipresente Hans Gert Winter.

   Así, el lugar donde se ubicaba el Hotel Golf Club de Miramar, se convirtió en un punto estratégico tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial (y mucho más hacia el final del conflicto bélico) cuando las manadas de submarinos alemanes comenzaron a surcar los mares hacia el cono sur de América.

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Obreros de la “F.H.Schmidt”, Ludwig Freude es el primero a la izquierda, con sombrero y moño. Thilo Martens (derecha, arriba) y Hans Gert Winter (derecha, abajo).

   Los acantilados eran ideales para la señalización costera y la recepción de los botes (mayoritariamente de pescadores de Mar del Sud, que coincidentemente eran alemanes que recibían una mensualidad que les pasaba la Embajada alemana desde Buenos Aires) que trasladaban hasta las costas a personal bajados de los U-Boots nazis.

   Las idas y vueltas de las pequeñas embarcaciones pesqueras, o incluso botes de goma, se repetían una y otra vez con el objetivo de proveer vituallas a la Kriegsmarine (la Armada alemana).

   El Golf Club Hotel de Miramar era una “baliza” para la Kriegsamrine coordinada con la estancia ubicada en la localidad bonaerense de Moromar (donde funcionaba -y aún existe- una estancia manejada por el consorcio alemán Lahusen, y luego por la Sociedad SAFICO) y Mar del Sud, junto con el faro de Punta Mogotes, en Mar del Plata.

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La Ettapendienst a pleno, 1937. Foto publicada en el libro “La ruta del dinero de los nazis argentinos” de Pedro A. Filippuzi.  

   Cuando los alemanes llegaban a la costa (generalmente a altas horas de la noche), lo transportado era ingresado a un túnel trabajosamente cavado en la piedra del risco; un intimidante pasadizo de 42 metros conservado hasta nuestros días y que atraviesa bajo tierra la actual Ruta 11 (conocida como Interbalnearia) hasta una antecámara muy espaciosa ubicada en los subsuelos del hotel.

   Allí se guardaba -con premura y sumo cuidado- todo lo descargado de los submarinos o buques alemanes que navegaban las aguas entre Miramar, Mar del Sud y Moromar, en cercanías de la localidad de Necochea, donde se ubicaba (y aún lo hace) la mencionada estancia “Moromar”, que contaba además con una doble pista de aterrizaje (todavía existente) preparada para el aterrizaje de aviones de gran porte, como los Junkers alemanes.

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Estancia “Moromar”, con su doble pista de aterrizaje. Foto: archivo de Marcelo García.

   Otro lugar de habituales reuniones de agentes nazis era la cantina del lugar, llamada “Rauchen Verbotten”, y en las paredes del  hall principal se exhibían las fotografías de los 33 golfistas de handicap master que representaban al Club, de los cuales 32 eran agentes encubiertos de la mencionada Ettapendienst. 

   De hecho, el campo de golf era la perfecta tapadera utilizada por la organización secreta de los nazis, algo que permitía que “instructores” viajaran ida y vuelta hacia y desde la Alemania del Tercer Reich, mientras que su verdadera ocupación era la de hacer espionaje para el régimen de Adolf Hitler.

   Ahora esta historia sale a la luz por el valioso aporte del ingeniero Pedro Alberto Filipuzzi, un reconocido investigador de la temática nazi y su estrecha relación con la Argentina, quien gracias a los relatos de su padre –Héctor Alberto Filipuzzi**- ayuda a desentramar una historia digna de una película de intriga y misterio.

   Filipuzzi padre fue testigo en primera persona de muchas de las cosas que sucedieron en el Hotel Golf Club de Miramar porque durante sus jornadas libres de trabajo en la “Fraternidad Ferroviaria” cumplió con tareas de mantenimiento en el lugar. 

   Héctor Alberto Filipuzzi había trabajado desde mediados de los años ’50 en la Estancia San Ramón, en Bariloche, donde pudo conocer a Rodolfo “Rudi” Freude (hijo de Ludwig Freude, el financista que era custodio de los intereses alemanes en el país); quien era jefe de la División Informaciones, antecesora formal de los Servicios de Inteligencia del Estado y mano derecha del presidente Juan Domingo Perón, a la vez que encargado de permitir el ingreso de nazis a la Argentina.

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El Hotel Golf Club en la actualidad y Héctor A. Filipuzzi, testigo de las actividades nazis en el lugar.

   No era menor el contacto de Héctor A. Filipuzzi, y fue por esto que algunas veces hacía trabajos en Miramar, donde tomó conocimiento del misterioso túnel que aquí presentamos.

   Gracias a los relatos de Pedro Filipuzzi, se pudo saber que las cosas que se descargaban de las naves alemanas en las costas de Miramar eran llevadas por el pasadizo disimulado en la roca por vías de trocha angosta (similares a las de las